2014/11/10

"PARANOIA" DE CIENCIA FICCIÓN

                                    “INSENSIBLES”


-!Ya es la una de la madrugada!-exclamo Xuxo. Llevaba cuatro horas seguidas jugando a la Play Station, la que le regalaron el año anterior por su decimosexto cumpleaños.
Esa noche se había quedado solo en casa. Sus padres habían viajado a Sevilla, para la presentación del libro de cuentos que su padre, un conocido profesor de narrativa, acababa de publicar . Era su primer libro y en la familia había mucha excitación.
Ya le estaban dando retortijones, así que se dirigió a la cocina a saquear la nevera. La cocina empezó a temblar, la vajilla; platos, vasos y todas las ollas, que estaban en la pared, comenzaron a caerse. -!Qué diablos...! - alcanzó a gritar mientras se asía a la encimera. Se cortó la luz, quedó todo a oscuras. Cuando el temblor se detuvo, comenzaron a darle sudores fríos. Oyó un zumbido muy fuerte, que parecía provenir del patio trasero de la casa, el que lindaba con la cocina. Un fuerte resplandor penetró por las ventanas y lo iluminó todo y la puerta del patio trasero comenzó a abrirse lentamente. El chirriar de la madera vieja al rozar contra el suelo le heló la sangre. Xuxo seguía junto a la encimera, paralizado por el terror, cuando le pareció ver una silueta semejante a la de un ser humano. El resplandor empezó a retroceder, y lo que parecía una silueta humana se convirtió en la imagen familiar de Hugo, su hermano gemelo, que hacía ya un año que había desaparecido.



-¿Nombre completo?-Josep Piqué Hernández - aunque todos le decimos Xuxo - respondió Marta al policía. - No entiendo que es lo que ha podido pasar, - el nunca haría una cosa así -.
- Fernando, tienes que encontrarlo, creo que no podría soportar perder a otro hijo - . Fernando Piqué Colomer, no sabía cómo consolar a su mujer. Él mismo se consumía por dentro preso de la desesperación. Siempre había confiado en su hijo y a pesar de las reticencias de Marta, accedió a que se quedase solo en casa. A Xuxo no le gustaban las grandes reuniones, le causaban ansiedad . Durante una temporada Marta lo estuvo llevando al psicólogo y este le había comentado que su hijo parecía tener síntomas de -”fobia social”-, un trastorno mental relacionado con la dificultad de estar en espacios reducidos rodeado de mucha gente. Incluso en presencia de poca gente le solían dar ataques de ansiedad, más aún si eran desconocidos y, desde la desaparición de Hugo, su hermano gemelo, la cosa fue a peor.
- Tranquilízate cariño, estoy seguro de que Xuxo aparecerá en cualquier momento.- le dijo a su mujer. A Fernando comenzaba a agobiarle un sentimiento de culpa. Habían pasado diez años desde que decidió que debían abandonar Valencia e ir a un sitio más tranquilo, donde cumplir su sueño de toda su vida,: escribir un libro. Claro que, cuando se mudaron a la Pobla de Farnals, un bonito y apacible pueblo costero, no imaginaba que allí desaparecerían sus dos hijos.
- Cálmese señora, ya sabe que no podemos hacer nada hasta pasadas veinticuatro horas de la desaparición. Les aconsejaría que mientras tanto intenten ponerse en contacto con todos sus amigos y familiares, por si alguien sabe algo.- Fue todo lo que les dijo el sargento Sánchez, de la policía local de la Pobla.- Si mañana por la mañana sigue sin aparecer, daremos el aviso al grupo de desaparecidos de la comisaría de Valencia. Allí todavía sigue al mando la subinspectora Bianca Rodríguez, imagino que la recordarán de cuando desapareció su otro hijo,- añadió Sánchez.



Cuando la policía se marchó, Marta se vino abajo, comenzó a llorar desconsoladamente y le dio un ataque de ansiedad. Fernando fue a preparar una valeriana a la cocina y, de paso, buscó unos tranquilizantes en el botiquín. Después de que su mujer se tomara todo, la acompañó a la habitación y la dejó tumbada sobre la cama. Él cogió la agenda y se dirigió al salón para llamar a todas las personas que conocían a su hijo.

Serían alrededor de las tres de la madrugada cuando un fuerte ruido los sobresaltó. - ¿Que ha sido eso?,- creo que ha venido de la habitación de Xuxo – dijo Marta. Rápidamente se levantaron y fueron a investigar. La puerta de la habitación estaba abierta.- ¡Creo que ha entrado alguien!, Fernando, coge el bate que está en el armario del pasillo, por si acaso. - Entraron sigilosamente en la habitación y, cuando encendieron la luz, Xuxo estaba allí, tumbado sobre la cama, durmiendo como si no hubiera ocurrido nada. -Xuxo, despierta, Xuxo hijo, tienes que contarnos que te ha...¡por dios!, no es Xuxo, ¡es Hugo!.
Era imposible saber quién era quién. Eran idénticos como dos gotas de agua y, para colmo, solían llevar el mismo corte de pelo. Les encantaba hacerse pasar el uno por el otro para reírse de sus amigos. Marta parecía tener un sexto sentido para eso, era la única que los reconocía con solo mirarlos, aunque cuando Hugo tuvo el accidente con la bici de montaña, la pequeña cicatriz que le quedó en la barbilla hizo que fuese mucho más fácil para los demás.

  • Hugo, ¡dios! No me lo puedo creer, es un milagro. Pensaba que no volveríamos a verte-dijo Marta sollozando mientras abrazaba a su hijo.
  • Mama, papa, os he echado mucho de menos -.
  • Hugo, ¡no lo puedo creer!, ¡esto es un sueño!- exclamó Fernando mientras abrazaba y besaba a su mujer y a su hijo.

Por la mañana temprano, cuando iban a levantarse, volvieron a tener un sobresalto. Hugo estaba al pie de la cama, observándolos, parecía como si quisiera decirles algo.

  • ¿Qué ocurre cariñ... .- A Marta no le dio tiempo a terminar. Hugo la hizo callar con el dedo índice en la boca.
  • shhhh - susurró –.- Mamá, papá, quiero que cerréis los ojos y escuchéis vuestra mente.
  • Pero ¿qué pasa Hugo?- -shhhh-, papá, por favor, confía en mí.- Cerraron los ojos y escucharon.

Un susurro inundó sus mentes, como si acabaran de subir el volumen de un altavoz oculto en sus subconscientes.

- Escuchadme bien, sé que lo que os voy a contar es difícil de creer, pero no os queda otro remedio que confiar en mí. Siempre os habéis preguntado si en la inmensidad del universo habría otros planetas que reunieran las condiciones necesarias para albergar vida y, sobre todo, inteligente. Pues, ante vosotros tenéis la prueba de que sí. Hace catorce años llegamos a la Tierra, procedentes de una galaxia muy lejana. Somos muy parecidos a los seres humanos y poseemos una tecnología infinitamente superior a la vuestra. Estuvimos mucho tiempo espiándolos y estudiándolos, y al fin decidimos venir en busca de algo. Nuestro hogar, un planeta que se encuentra a quinientos años luz de aquí, está en un sistema solar muy similar al vuestro, y es increíblemente parecido a la Tierra. Somos una raza muy pacífica y, a pesar del enorme potencial que tenemos, nuestra evolucionada mente no entiende las formas de violencia que descubrimos en la Tierra. Nosotros utilizamos la tecnología para el bien común de nuestra raza y para la exploración de la galaxia. Sin embargo, nos ha fascinado vuestra capacidad de sentir, que es muy superior a la nuestra. En ese aspecto, somos planos, no somos capaces de experimentar vuestros cambios de humor, de la tristeza a la felicidad en unos segundos, y menos aún fingirlos. Da igual que se nos muera un familiar o que descubramos un avance muy importante, nosotros siempre sentimos lo mismo, ni miedo, ni alegría, ni tristeza. No comprendíamos cómo los humanos pueden modificar su estado de ánimo, y a veces tan intensamente. Claro que también descubrimos que esa capacidad de sentir podía ser la causa de algunos comportamientos violentos y de sufrimiento. Por ello, decidimos que os estudiaríamos e intentaríamos asimilar solo la parte buena de vuestro comportamiento.
No queríamos llamar la atención ni hacer daño a nadie, nuestra naturaleza no nos lo permitía. Por medio de nuestra tecnología somos capaces de separar la conciencia de un cuerpo e introducirla en otro, lo que nos permite inmortalizar a nuestros grades sabios. Eso nos dio la idea de introducir la conciencia de uno de los nuestros, en este caso yo, en la mente de un embrión de bebé humano y que este viviera las mismas experiencias que su portador y así llegar a comprender sus sentimientos. Decidimos que para no hacer daño al bebé y a su familia, ya que la conciencia una vez insertada no podía volver a extraerse, haríamos una réplica exacta del embrión. Sabíamos de la capacidad humana de concebir gemelos y entendimos que así nadie notaría nada extraño. Buscamos entre todas las familias del mundo una que reuniera todos los requisitos, a citar: sin antecedentes de problemas psicológicos, ni pasados, ni futuros y que la mezcla de ADN de la madre y el padre fuera capaz de asimilar una conciencia extraña. Eso fue lo más difícil, pero al fin la encontramos, en España, en Valencia, vuestra familia.
El experimento fue un éxito, aprendí, al mismo tiempo que Hugo, todos los sentimientos, todas las emociones nuevas para él, igual que para mí. Aprendí a dominar los sentimientos malos y a desecharlos, ¿o nunca os pareció raro que Hugo nunca estuviera triste, o enfadado?.- Nuestras conciencias están conectadas, sentimos las mismas cosas. Toda su vida ha sido consciente de mi presencia, pero os lo ocultó porque yo se lo pedí. Había probabilidades de que lo hubierais tomado por loco. Al llegar a los quince años, los míos decidieron que debíamos viajar a mi planeta.
-Hay algo que no sabéis de vuestro hijo, algo que detectamos en unas revisiones rutinarias . Descubrimos que Hugo tenía un defecto degenerativo en el corazón y que en cualquier momento, haciendo algún gran esfuerzo, practicando deporte o con algún sobresalto, podría sufrir un ataque al corazón.

-¡Dios!, pero si a lo largo de su vida le hemos llevado a sus revisiones médicas y las pruebas que le hicieron en el hospital cuando tuvo el accidente en bici. Los médicos nunca encontraron nada.

- Es una patología muy difícil de detectar, pero nuestra ciencia es mucho más avanzada que la vuestra y enseguida lo detectamos. Hugo ya está curado pero hay algo más, sabíamos que Xuxo también tendría el defecto, de hecho viene de él. Recordad que Hugo es una copia suya.
Hemos venido a buscarlo para curarlo, no podíamos dejar que nuestro hermano muriera.

-Pero, ¿lo traeréis de vuelta, verdad?.- No podría soportar perderle a él también.
-Por supuesto, Marta, el sitio de Xuxo está aquí, a vuestro lado.


FIN

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